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Hace unos días asistimos a un evento en un pueblo cercano. Allí de manera gratuita podía montar en globo, todo aquel que quisiera. Nosotros no dudamos en asistir, sin llegar a saber muy bien como funcionaba el tema, nuestro objetivo era pasar una tarde diferente y que los peques viesen de cerca un globo, como llegaban a hincharlo, su funcionamiento…

Llegamos demasiado temprano y eso nos valió para ver el proceso completo. Ellos se buscaron su hueco para estar atentos.

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Pero duró más tiempo del que ellos podían estar sentados y tranquilos, así que encontraron otro entretenimiento y punto de vista. Un remolque que había en la misma finca.

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Junto a mas niños pudieron empezarse a acercar, hasta la soga, y apreciar de cerca los detalles

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Y cuando menos lo esperábamos, todos los niños y algun que otro adulto, entre los que me incluyo, tuvimos el gran lujo de poder adentrarnos dentro del globo, mientras se hinchaba. Una verdadera gozada, una experiencia chulísima meterse en un globo de 30×33 metros de envergadura. Fijaros si era grande que perdí a Pablo. Sólo lo vi entrar, pero dentro no lo encontré.

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Dentro nos encontramos un mondo amarillo. Los niños corrían de un lado para otro, saltaban, gritaban… estaban fascinados con la experiencia. Álvaro sin embargo estaba extrañado, no sé si lo llegó a disfrutar, porque su objetivo era todo el rato encontrar a su hermano y no lo localizó.anoiv-semana25-cristinaboceta10 anoiv-semana25-cristinaboceta11

Una vez que empezó a llenarse más, nos echaron y enseguida se alzó.

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La cola que se había formado era tremenda, así que pasamos de ponernos a ella y decidimos ir a dar un paseo por el pueblo. En el camino encontré este precioso rincón.

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A la vuelta, casi al atardecer, la cola seguía igual, pero esta vez nos colocamos para tener la oportunidad para subirnos. Ellos decidieron esperar desde el remolque

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Y yo aproveché a fotografiarles y entretenerles un rato.

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Según la cola avanzaba, el gas se iba acabando y nosotros aún estábamos lejos. En el último viaje nos quedamos sin montar, el globo empezó a subir y tuvo que volver a bajar porque un niño no dejaba de llorar. En su lugar entraron Álvaro y Pablo, una suerte tremenda e inesperada. Y estas son las fotografías de su viaje.

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Pablo había subido poco confiado, pero bajó encantado. Álvaro en cambio, subió entusiasmado, y aunque arriba paso miedo, bajó con una sonrisa de oreja a oreja. Espero que en el próximo viaje haya un huequito para mi. Yo también quiero vivir esa experiencia.

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