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En breve tendremos aquí la primavera, pero ya empezamos a disfrutar de días soleados e incluso calurosos, que nos incitan a salir a la calle, a empezar a planificar salidas, a disfrutar del aire libre.

Este pasado fin de semana fue uno de ellos, y de manera precipitada quisimos disfrutarlo y organizamos una pequeña excursión. El lugar elegido fue Hervás, un precioso pueblo cacereño, situado en el Valle del Ambroz.

Yendo con niños, es inevitable visitar parques infantiles, y más cuando cuando los pequeñajos son mayoría: 6 contra 5. La verdad es que existen poco lugares, donde los peques se muestras tan receptivos a las fotos como en un parque, por eso me gustan tanto.

Unos demuestran su “hombría”, otros su fuerza, su valentía, se muestran divertidos, alocados… Y rara vez les molesta que les fotografíe.

La sesión de parque es estupenda para recargar las pilas infantiles y darles un chute de energía para lo posterior: LA RUTA TURÍSTICA.

Pudimos visitar casi todo el pueblo, sin apenas protestas por parte de ellos. Y creo que el secreto recaía en el juego que me inventé sobre la marcha: LA BÚSQUEDA DE RINCONES ESCONDIDOS. Según íbamos recorriendo las antiguas calles del pueblo, les iba diciendo los distintos enigmas que tenían que encontrar: la puerta más pequeña, la ventana más alta, la estrella en la pared… A este ritmo y con ésta ilusión recorrían las calles, casi nos costaba alcanzarlos:

Muchos de los enigmas eran inventados, sin saber si los íbamos a encontrar, otros ya los habíamos visto antes que ellos, pero  de todas formas los encontramos todos: la puerta azul, la cara en la pared… e incluso la calle más estrecha, que fue lo que más nos emocionó a todos:

El puente de piedra era uno de los rincones que no nos podíamos perder y que lo añadimos entre los lugares a buscar.

No os muestro otra vista, porque estaba lleno de turistas y fue imposible hacer una foto en la que no apareciesen 6 ó 7 personas más de los que ya llevábamos. Aunque si os enseño el río que todos deseaban tocar.

El puente de piedras es el que une la zona habitada del pueblo, de otra zona donde hay chalet, fincas y donde está el museo de la moto. Hasta allí llegamos, aunque no entramos. Este fue el recibimiento a la zona.

Un poquito más arriba, la moto que portaba los buzones, nos sirvió para hacer una mini sesión fotográfica con todos los niños.

Con el pueblo al fondo, quisimos hacer una foto grupal, en la que sólo falté yo:

Pero lo solucioné haciendo una foto de mi sombra acompañada:

Desde aquella zona, pudimos observar prácticamente, el pueblo entero, y darnos cuenta que no habíamos visitado la iglesia. Así que dicho y hecho, allá que nos fuimos. Y de camino a ella nos encontramos otros tantos enigmas: el reloj solar, la ventana redonda…

Cuando acabó nuestra ruta turística, regresamos al parque de donde iniciamos la marcha. Había que volver a darles un chute y recuperarlos. Lástima que el tiempo se nos estropeó repentinamente, el cielo se puso completamente gris, la lluvia congelada nos dejó empapados en 5 minutos, LO MEJOR: el precioso arco iris que vimos, que no pude fotografiar mejor porque la lluvia era muy fuerte y tuve que guardar la cámara.

En resumen, pasamos un bonito día, los peques lo disfrutaron, comimos genial y conocimos otro bello rincón de nuestra querida Extremadura.

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