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Todos sabemos que los niños necesitan bien poco para divertirse, para hacer volar su imaginación y sentirse super felices. La gran mayoría de las veces, un simple objeto, algo cotidiano a lo que los adultos no le damos valor, es para ellos el mejor de los juguetes.

Ayer Álvaro, al medio día, entró en la cocina cuando yo estaba colocando la compra y organizando un poco las estanterías. Saqué los tetra brik de leche de la caja, y para él hizo un mundo fantástico con lo que yo tiraba. Tuve que darme prisa para terminar lo que estaba haciendo y coger la cámara, antes de que se le rompiesen las cajas o se aburriese del juego.

Delante de la cámara, es una fiera, sigue actuando tal y como él lo hacía sin ella. A esa actuación le he sumado un poquito de fantasía y éste ha sido el resultado.

Aquí os presento a CARTONMAN y su águila cadavérica.

Mirarle a los ojos supone correr un riesgo demasiado grande.

Si con el casco resulta temible, ¿que me decís sin él?, a mi me da bastante miedo volver a encontrármelo de frente.

Me dejó claro que podía haber hecho conmigo lo que quisiera, y que por ésta vez me perdonaba la vida.

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