Publicado el por & Archivado en Sin categoría

Cumpliendo con las tradiciones, desde hace unos años para acá, hemos vuelto a asistir al Festivalino: el festival más pequeño de España y quizás del mundo. Un festival realizado por un grupo de habitantes y amigos de Pescueza, una pequeñísima localidad cercana a Coria, que con bajísimo presupuesto, pero con grandísimas ganas de hacerlo bien, consiguen siempre que todos nos lo pasemos genial.

Por temas de agenda, sólo pudimos acudir el domingo por la mañana, pero las actividades comenzaron desde el viernes: conciertos, entretenimiento para los más pequeños, plantaciones de árboles…

Los padrinos del Festival fueron: Nena Dakonte y Kiko y Sara. Y allí estuvimos para acudir a ambos conciertos, esta vez acompañados y bien organizados: mantas, neveras, comida, bebida, juguetes…

Antes de que subiese al escenario Nena Dakonte, Pablo se posicionó en primera fila. No quería perderse ningun detalle del concierto y eligió verlo lo más cerca posible.

Álvaro prefirió quedarse junto a las mantas y jugar con los amigos que venían con nosotros, pero también con los que nos íbamos encontrando.

Mientras las mamis íbamos a lo nuestro: bailar y cantar

La más pequeña del grupo también se animó a echarse unos bailes.

Cada año va aumentando la asistencia, es una alegría ver como poco a poco este festival es cada vez más conocido.

Los segundos en subir al escenario fueron Kiko y Sara, una maravillosa pareja que se enrolló muchísimo y nos hizo pasar un rato muy agradable.

Pablo no aguantó todo el rato en primera fila, pero se lo siguió pasando igual de bien desde atrás.

Cuando finalizó cogimos todos los bártulos y nos dirigimos a un lugar más cómodo y tranquilo para comer. La comilona fue grande.

Los niños eligieron, como entretenimiento, acercarse a la laguna y explorar el terreno.

Y aunque empezaron mirando el agua desde la distancia, fueron poco a poco acercándose

Hasta que uno de ellos cayó y tuvo que mirar descalzo, desde la distancia, como los demás disfrutaban.

No fue el único, tras él le siguieron los demás

Por un lado se secaban sus zapatillas y calcetines, y por otro lado sus pies.

La explicación a ese remojo, fue la pesca de sus pececillos, que cada uno guardaba en aquello que encontró.

Una bonita, calurosa y remojada tarde, que rodeada de amigos es mucho mejor.

Si te ha gustado comparte...Share on Google+Tweet about this on TwitterShare on Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *