Publicado el por & Archivado en FAMILIAS

El segundo día en Londres comenzó tempranito, estos ingleses tienen la mala costumbre de madrugar mucho y de poner el desayuno demasiado pronto. Un punto negativo para ellos.

En cuanto llenamos las barrigas, nos pusimos en marcha con nuestra nueva ruta. El primer objetivo fue ir a ver el cambio de guardia, habíamos oido hablar tanto de ello, y visto tantas imágenes, que era obligatorio acudir. Pero como llegamos demasiado pronto, pudimos pasear antes por St James Park, que estaba justo al lado.

Allí volvimos a encontrarnos con muchas más ardillas y Pablo se sintió fotógrafo por un rato.

40 minutos antes de la hora de inicio, del cambio de guardia, nos fuimos a coger sitio, con la gran suerte de pillar primera fila. 40 minutos que tuvimos que entretener a los chicos para que no se moviesen, porque la gente iba llegando, iba apretándonos e intentando ocupar nuestros sitios. Así que lo mejor fue que se sentaran mientras jugaban con el móvil y esperar a que llegase el momento.

Se hizo eterna la espera, pero llegó. La plaza estaba abarrotada.

Ahora que lo he visto en primera persona, que he aguantado un buen rato a que empezase y más rato aún a que se hiciese toda la actuación, tengo clarísimo que no volvería a ir. Ha sido curioso, pero ya está. Demasiada parafernalia, para que un guardia cambie su turno por otro, y que encima no nos dejen pasar para hacernos fotos junto a el, como las cientos de fotos que he visto por la red.

Os hago un resumen del proceso. En primer lugar el paseíllo de los guardias, y posterior colocación.

Justo en frente se colocaron otros guardias con diferente indumentaria, pero esta era la más chula, la más llamativa. (los veréis detrás de la orquesta)

Tras ello entraron una guardia-orquesta (desconozco su verdadero nombre). Allí nos deleitaron con varias sintonías, que sonaban genial.

Todo esto para que un guardia dejara su puesto y lo ocupara otro, menuda fiesta para tan pequeño detalle. Imaginaros si en vuestra empresa montaran todo esto cada vez que os sustituye el compañero jajaja.

Lo que mas me gustó fue cuando se acabó, no sólo porque mis piernas descansaron, de estar tan rectas, si no también porque la plaza se empezó a despejar y pude hacer mejor las fotos para el recuerdo.

En varios puntos de la ciudad, cuando mirabas al suelo, te encontrabas con esta placa en memoria de Diana de Gales.

St James Park se llenó de gente, parecía una romería. Todo el mundo comiendo en el cesped la comida típica (según mi opinión): Los sandwich y bocadillos. Nosotros también comimos, además de jugar y refugiarnos de la lluvia. Porque el tiempo allí, está completamente loco: tan pronto hace calor, como frío, sale el sol, como llueve… y todo en un mismo día, de manera alternativa.

La lluvia hizo modificar nuestros planes del día. Para que no se nos chafara la ruta, decidimos meternos en el museo de Historia Natural (cuando salimos del metro, la lluvia había parado, y sol brillaba de nuevo).

La visita al museo fue todo un acierto. Recomendado al 100%. Tanto que mis hijos no querían salir.

Recorrimos casi todas las salas: la de los mamíferos acuáticos, mamíferos terrestres, los dinosaurios, el ser humano, el planeta tierra…

Pero sin duda lo que más nos gustó fue la sala principal, era preciosa, impresionante y allí se exponía un enorme esqueleto de ballena.

Como ya he dicho, nos costó salir de allí, pero en cuanto lo hicimos encontramos en la calle, a personajes que les encantaron. Y es que Londres tiene la fascinante faceta de sorprender en cada esquina.

La gran suerte de madrugar y de comer temprano, es que da la sensación de que el día es muy largo. Aunque allí oscurezca antes que en España. Salimos aún de día del museo y tras un viaje en metro, llegamos a ver el Big Ben.

Y nuevamente llovía, pero esta vez con bastante fuerza. Tuvimos que esperar en unos portales, justo enfrente, unos 20 minutos y después iniciamos la ruta alrededor de la torre.

El día anterior había sido agotador, así que dijimos de irnos pronto a descansar, pero no lo volvimos a cumplir. Seguimos y seguimos andando. Y encontrándonos con lugares preciosos.

Os dejo también alguna curiosidad que no me contuve a fotografiar.

Y andando mucho mucho, llegamos hasta Trafalgar Square, otro de los lugares que aparecerían en el cuaderno viajero, de Pablo y Álvaro. Nuevo objetivo encontrado.

Tras cenar y dirigirnos a la parada más cercana de metro, para irnos al hotel. Nos topamos con dos tiendas a la que ellos no pudieron resistirse, pero era muy tarde y tuvieron que elegir sólo una, esa fue: la tienda de M&M´s

Una tienda con 4 plantas dedicadas a estas bolitas de chocolate, un paraíso para el goloso.

De todo lo que allí había, hubo un lugar preferido por mis hijos: la maquina que te escaneaba y te decía como eras. Si ellos hubiesen tenido el poder de mandar, todavía estábamos escaneándonos.

Nos fuimos a la cama habiendo recorrido 13,4 km. Lo hicimos cansados, pero ilusionados con todo lo visto.

CONTINUARÁ…

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