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Nuestras mejores vacaciones y más largas, sin lugar a duda son las que hemos tenido este año. No sólo hemos estado en Londres, si no que antes y después hemos podido compartir momentos con nuestra familia catalana. Yo hacía 12 años que no visitaba Barcelona, mi marido 16 años y para los niños era su primera vez, pero se lo han pasado tan bien, que ambos nos quieren hacer prometer que nuestras vacaciones van a ser siempre: Barcelona, Londres, Barcelona.

Fuimos sin ningún tipo de programación, aunque con ideas de lo que queríamos hacer en nuestra estancia allí: visitar lugares típicos para que los conociesen los peques ( y si fuese posible, algo que nosotros no conociésemos), hacer algo divertido para los niños, tener una noche de escapada de sólo adultos, ver a toda la familia, madrugar poco y dejarnos llevar por todo lo que pudiese surgir. Por suerte pudimos cumplirlo al 100%, aunque me hubiese gustado haber hecho algo más, y eso nos motiva a querer volver pronto y no esperar tantos años.

Una de las cosas que personalmente más me emocionó y con mas cariño me traigo, fue poder juntar a casi toda mi familia catalana y pasar un día completo muy divertido. Comenzamos con una mañana campera y le siguió una tarde playera.

Intenté hacer una foto formal donde apareciésemos nosotros juntos a: 3 hermanas de mi madre, 2 tíos, 6 primos con sus respectivas parejas (menos Raquel, que aún es pequeñaja para compromisos serios) y 3 sobrinos de primo hermano, pero fue imposible. El resultado fue un bonito caos.

Nuestra jornada la acabamos superando un reto. Mi hermana Laura, desde Coria, nos retó a imitar una foto que ella nos mandaba. Y lo conseguimos.

Entre los lugares que visitamos, que no conocíamos, me quedo con el museo de las ilusiones, situado junto a las Ramblas. Un museo donde nos reímos muchos intentando hacer la foto perfecta. Os dejo con algunos ejemplos.

Varios de mis primos son «campistas profesionales». Llevo tantos años escuchando hablar del camping al que siempre van en: primavera, verano y otoño, que me picaba mucho la curiosidad. Así que uno de los planes que surgió, y que no nos habíamos planteado, fue visitarlos y pasar un día completo con ellos. Para los niños fue toda una aventura que disfrutaron a lo grande, deambularon libremente por sus calles, salieron y entraron de la piscina cada vez que quisieron (Álvaro fue el último en salirse, ya lo veréis), hicieron nuevos amigos, aprendieron a jugar a la petanca…

Para rematar, a pocos días de despedirnos de Barcelona, visitamos el Tibidabo. Lo recordaba casi en su totalidad, aunque ahora al ir con los niños lo he vivido con mucha más ilusión y los recuerdos que me traigo son mucho mejores. Nos montamos casi en todas las atracciones, algunas de ellas en familia. Vimos la ciudad desde lo más alto, con niebla, con sol radiante, al atardecer, la vimos irse oscureciendo y posteriormente contemplamos el encendiendo de las luces. No me dejaron hacer fotos nocturnas con el trípode, por lo visto está prohibido si autorización, ahí va mi punto negativo para ellos.

Familia prepararos porque estamos seguro que repetiremos, y no vamos a tardar 16 años como la última vez.

 

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