Publicado el por & Archivado en NIÑOS

Después de un bonito fin de semana madrileño, donde me dio tiempo a hacer de todo: compras, curso de fotografía, reencuentros con compañeras fotógrafas (entre ellas una compi de Litel Pipol), cenas y comidas con amigas, charlas que te ponen al día, paseo por el rastro… El domingo por la noche volví a mi día a día, a estar rodeada de mis hombres, que tanto los eché de menos (aunque reconozco que también me gusta desconectar de vez en cuando y encontrarme conmigo misma), volví a mi casita, a mi rutina.
Dentro de esa rutina están las actividades extraescolares de mis hijos. El lunes, mientras Pablo estaba en clase de guitarra, Álvaro y yo nos fuimos a dar un paseo por la parte antigua y mientras se comía un helado de pica pica, saqué la cámara y aproveché a fotografiarle.
Puede parecer un momento cotidiano, sin nada particular, pero a mi me encanta. Lo veo a él, tal cual es hoy, y así quiero recordarlo con cinco años.

Una vez que terminó de comérselo, se despertó en él la fantasía. Sacó su imaginación a volar y se convirtió en un Pokemon, de nombre: LUCARIO. Os dejo con la descripción que Álvaro me hizo de él para poder entenderlo un poco mejor: Lucario es un Pokemon de tipo lucha, con pinchos en la mano y en la barriga. Es un pokemon nuevo, pero cuando lucha es muy fuerte.

Por favor, que el tiempo vaya despacito, que me deje seguir disfrutando de su infancia, de su inocencia, sus ilusiones y fantasías, por mucho tiempo. Aunque me temo que no me hará mucho caso, así que yo no dejaré de fotografiar cada instante para no olvidarlo.

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