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Adoro las tardes veraniegas, donde no existe hora de recogida, donde no hay prisas para hacer nada. Nuestro cansancio marca el ritmo, nuestra hambre, el momento de las comidas. Las rutinas no existen, porque la piscina no la consideramos rutina.

Durante el invierno pienso muchas veces en estos momentos y por fin ya las podemos disfrutar.

Cada uno a su manera: o haciendo el Quijote mientras limpia la piscina:

O saltando con toda su energía al agua:

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