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Las fotografías tienen el fin de atesorar tu presente para siempre, volver a él cada vez que te sientas nostálgico, recordar momentos, situaciones o seres queridos… Un verdadero tesoro de precio incalculable.

La sesión que os traigo hoy corresponde a Mónica, quien a sus 30 años, recibió como regalo de su familia, una sesión fotográfica que llevaba tiempo esperando.

Aunque he empezado enseñado fotos donde aparece sola, ella a la sesión, vino muy bien acompañada. Sus niñas, sus inseparables: Sara y Kika.

Hace poco Sara estuvo muy malita (es la mayor, la mama de Kika), y Mónica, desde entonces, deseaba tener una sesión junto a ambas. Quería guardar su felicidad actual y recurrir a ella siempre.

Como podéis ver, no pudo traerme mejores modelos, era impresionante como posaban, como miraban a cámara. Yo me quedéprendada a estas dos pequeñajas.

Creo que estas fotos ocuparán un lugar importante en su casa, sobre todo está en la que las tres salen tan guapas.

Estaréis conmigo en que no existe mejor regalo, que aquel que tiene un valor sentimental tan grande.

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