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Cuando el trabajo aprieta y el tiempo diario no es suficiente para vivir todo lo que quisieras, te ves en la obligación de tener que dejar algunas cosas para así dedicarte más plenamente a otras. Y justo ésto es lo que yo he decidido. No se puede estar a todo, aunque en otros momentos si lo hicieses (aun no me explico como). Tengo que confesar que echo mucho de menos no pasar por aquí semanalmente, sentarme un ratito delante del ordenador, y teclear todas las sesiones que me dan permiso de publicar. Y es que eso me supone recuperar recuerdos de esos instantes, emociones vividas con cada niño, con cada familia… Pero bueno, se que ésto es sólo temporal, que podré ir volviendo poco a poco a mostraros todo lo que tengo pendiente de traer, que es mucho.

Hoy he podido sacar un hueco, para enseñaros la primera sesión de comunión que realicé este año. Antes de que las lluvias nos impidieran salir al campo y tuviésemos que aplazar mogollón de sesiones.

Él es Mario, un simpático almirante, emocionado e implicado en su sesión de comunión. No siempre te encuentras con modelos tan entregados y la verdad que en el resultado final se nota mucho.

Eso de sentirse almirante por un día le encantó y consiguió meterse en el papel plenamente.

Siempre que hablo con los papás, previamente a la sesión, les recomiendo que en el álbum aparezcan las personas importantes de su vida, aquellas que comparten con él cada día porque son parte del recuerdo su infancia. En este caso, el papa trabaja fuera de España así que no podíamos realizar una foto familiar, así que en su lugar lo hicimos sólo con su hermano. Dentro de unos años, ambos le darán valor a estas imágenes, aunque ahora se tiren de los pelos un día si y otro también.

La idea de hacer un ancla gigante venía rondando en mi cabeza desde hacía ya dos años, y es que me encantan las manualidades, me chifla crear atrezzo y verlo luego plasmado en mis fotos (el problema ya sabéis cual es: el tiempo). Pero este año por fin me animé y lo creé. Mario fue quien lo estrenó, y la verdad es que el resultado me gusta mucho.

Soy partidaria de realizar sesiones naturales, divertidas, donde el niño se vea niño y no adulto. Donde las sensaciones que transmita cada imagen sean de alegría, de paz… Donde se vea infancia, juego, fantasía, color…

Decidme si lo he conseguido.

La comunión supone el último paso de la infancia. Yo me niego a que en las fotografías se vea la siguiente etapa. Quiero inmortalizar esos instantes de espontaneidad, de inocencia…

Para que siempre regresen a ellos con una sonrisa.

Aprovechando que Mario había soltado toda su adrenalina saltando y corriendo metido en su papel de piloto, pude capturar instantes más serenos, pensativos… y así finiquitar el reportaje con una sesion de lo más completa.

 

Gracias a los papas de Mario por dejadme compartir el trabajo con todos vosotros, sólo así puedo mostrar lo que día a día vengo haciendo y llegar a más gente.

Espero que os haya gustado. Dejadme vuestros comentarios y vuestras apreciaciones.

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